48 HORAS EN EL INFIERNO

Por Juan N. Reynolds

Uno de los casos más interesantes de resurrección que jamás ha llegado a mi conocimiento, era el caso de Jorge Lennox, un notorio ladrón de caballos en el condado de Jefferson. Estaba cumpliendo su segunda condena o sentencia. El condado de Sedgwick le había enviado a la cárcel por primera vez, por el mismo delito de robar bestias.

Durante el invierno de 1887 y 1888 é1 trabajó en una mina de carbón. El lugar donde estaba trabajando le parecía ser peligroso. Él le avisó al oficial que estaba de cargo, el cual hizo un examen del lugar y diciendo que el lugar estaba seguro, mandó a Lennox volver a su trabajo. Lennox obedeciendo, no había estado en su trabajo más que una hora, cuando se derrumbó el techo, dejándole completamente sepultado. Él permaneció en esta condición por dos horas completas.

Al faltar en la hora de la comida, se empezó a buscar al prisionero, y le encontraron bajo un montón de escombros. Parecía que se encontraba sin vida y lo sacaron afuera. Después de haber sido examinado por el médico de la cárcel, le pronunciaron muerto. Su cadáver fue llevado al hospital donde le lavaron y le vistieron en preparación para el entierro. Su ataúd fue hecho y llevado al hospital. El capellán había llegado para hacer los últimos ritos tristes para su sepultura. Entonces el administrador de la cárcel mandó a dos prisioneros remover el cadáver de donde se encontraba y llevarlo al otro lado del cuarto y ponerlo en el ataúd. Estos obedecieron, el uno en la cabecera y el otro en los pies. Lo habían cargado como a la mitad del cuarto, cuando el de la cabecera accidentalmente tropezó sobre un escupidero, perdió su equilibrio y dejó caer el cadáver. La cabeza del hombre muerto dio contra el piso, y para grande sorpresa de todos los presentes, se oyó un profundo gemido. Pronto abrió los ojos, y se manifestaron otras señales de vida. Inmediatamente mandaron traer al médico y al llegar después de treinta minutos, el muerto ya había pedido un vaso de agua y se lo estaba tomando cuando llegó el médico.

Inmediatamente quitaron el ataúd de allí y después lo usaron para sepultar a otro cadáver. Le quitaron su vestuario de sepultura, y lo substituyeron con el traje de cárcel. Después de examinarlo encontraban que una de sus piernas estaba quebrada en dos partes, y que también tenía otras heridas. Permaneció en el hospital por el espacio de seis meses, y después regresó al trabajo.

Por medio de otro minero me di cuenta de su experiencia rara mientras que, aparentemente, estaba muerto. Movido con curiosidad, deseaba conocer a Lennox y saber la experiencia de sus propios labios. Esta oportunidad no se me concedió por algunos meses. Al fin se me concedió. Después de haber sido removido de la mina, se me ordenó ir a la oficina de la cárcel para hacer algunos reportes anuales. Un día se discutió el asunto de este hombre que volvió a vivir, cuando de casualidad él pasó por la puerta, y pude conocerlo. Presto logré poner un recado en sus manos, y le pedí entrar a donde yo estaba trabajando. Él entró y logré conocerle bien, y de sus propios labios pude aprender su hermosa historia. Era un hombre de poca edad, probablemente de algunos treinta años. Él había sido un delincuente endurecido; tenía una buena educación, y naturalmente era muy inteligente.

La parte más hermosa era lo que aconteció durante el período en que él estaba muerto. Siendo un redactor taquígrafo, escribí su historia como él la dictaba. Él dijo: "Toda la mañana presentí que algo terrible estaba para acontecer. Me sentía tan intranquilo por lo que sentí, que me presenté con el Sr. Grason, que era mi patrón de mina y le pedí que fuera a examinar el tiro o lugar donde yo estaba sacando carbón. Él fue y aparentemente hizo un examen complete. Me ordenó volver al trabajo diciéndome que no había peligro, y que él pensaba que me había vuelto caprichoso. Volví a mi trabajo, y había seguido escarbando más o menos como por el espacio de una hora, cuando de repente se hizo muy oscuro. Luego parecía que una puerta grande de hierro se abría y yo entré por ella. Entonces se me vino el pensamiento a la mente que yo estaba muerto y en otro mundo. No vi a nadie, ni oí sonido ninguno. Por algún motivo desconocido, empecé a retirarme de la puerta, y ya había caminado cierta distancia cuando llegué a la ribera de un río ancho. Estaba oscuro porque no había luz. La luz que había era comparable a la luz de una noche estrellada. No había estado en la ribera de este río por mucho tiempo, cuando oí el sonido de remos en las aguas, y presto cierta persona en una canoa remaba a donde yo estaba parado.

"Me quedé sin poder hablar. Él me miró por un momento, y luego me dijo que é1 había venido por mí, diciéndome que me subiera a la canoa para remar con é1 al otro lado. Yo obedecí. Ni una palabra se habló. Yo deseaba preguntarle quién era é1 y en donde estaba yo. Pero mi lengua parecía estar pegada al paladar. No pude hablar ni una palabra. Al fin llegamos la otra ribera, salí de la canoa, y el hombre del barco desapareció.

"Abandonado allí solo no hallaba que hacer. Mirando adelante de mí, vi dos caminos que entraban por un valle oscuro. Uno de los dos caminos era un camino espacioso y muy andado. El otro era una senda angosta que iba con otro rumbo. Por instinto seguí el camino bien andado. No había caminado mucho cuando parecía hacerse más oscuro. Pero, de cuando en cuando relampagueaba una luz en la distancia, y de esta manera recibí luz para mi viaje.

"Presto me encontré con un ser que me es enteramente imposible describir. Sólo puedo dar una idea lánguida de su terrible apariencia. Tenía cierto parecer de un hombre, pero era mucho más grande que cualquier hombre que jamás había visto. Tenía cuando menos, tres metros de altura. Tenía grandes alas en sus hombros. Era negro como el carbón que yo había estado escarbando, y se encontraba en una condición perfectamente desnuda. En su mano tenía una lanza, con una asidera de más o menos cinco metros de largo. Sus ojos alumbraban como bolas de fuego; sus dientes blancos como la perla, parecían ser de como dos y medio centímetros de largo. Su nariz, si se puede llamar nariz, era muy grande, ancha y aplastada. Su cabello era muy tosco, grueso y largo. Llegaba hasta sus hombros macizos. Su voz parecía ser como gruñido de león.

"Fue durante la luz de un relámpago cuando primero le vi. Al ver su ser yo temblaba como la hoja del álamo temblón. Tenía su lanza levantada como para traspasarme. Me detuve de repente. Con la voz terrible que todavía parece que puedo oír—me ordeno seguirle—diciéndome que él había sido enviado para guiarme en mi viaje. Yo le seguí. ¿Qué otra cosa hubiera yo podido hacer? Después de haber caminado cierta distancia, una grande sierra apareció delante de nosotros. La parte delante de nosotros parecía perpendicular, como si una montaña había sido cortada en dos y una parte había sido quitada. En esta pared perpendicular claramente vi estas palabras, 'Este es el Infierno'. Mi guía se acercó a esta pared perpendicular, y con la asidera de su lanza le dio tres golpes fuertes. Una puerta grande y maciza se abrió y entramos por ella. Luego me hizo pasar por lo que parecía ser una abertura en la sierra.

"Caminábamos en la oscuridad completa por un tiempo. Pude oír los pasos pesados de mi guía para seguirle. Por todo el camino oí profundos gemidos como si alguien estuviese muriéndose. Más adelante los gemidos se oían más fuertes y claramente distinguí las palabras: ‘agua, agua, agua'. Llegando ahora a otra puerta de entrada y pasando por ella, pude oír un millón de voces en la distancia, y el grito era de 'agua, agua, agua'. Presto se abrió otra puerta grande con la llamada de mi guía, y encontré que habíamos pasado por la sierra y delante de nosotros se encontraba una llanura espaciosa.

“Mi guía se retiró de mí en este punto para dirigir a otros espíritus perdidos a su destino. Permanecí por un tiempo en esta llanura, abierta y espaciosa, cuando se me presentó un ser algo parecido al primero; pero en lugar de lanza tenía una espada grande. Vino para informarme de mi destino futuro. Hablaba con una voz que llenaba mi alma de horror. ‘Tú estás en el Infierno’, me dijo: ‘toda esperanza ha huido de ti. Al pasar por la sierra en tu viaje a este lugar, te diste cuenta de los gemidos y los gritos de los perdidos al pedir agua para refrescar sus lenguas desecadas. Al lado de ese pasaje hay una puerta que da al lago de fuego. Pronto serás sentenciado. Antes de ser conducido a ese lugar de tormento para nunca salir de allí, porque no hay esperanza para los que entran allí, se te permitirá estar aquí en este llano abierto, donde se les permite a todos los perdidos ver lo que habían podido disfrutar en lugar de lo que ahora tienen que sufrir.’

“Con esto fui dejado solo. Si era por causa del terrible temor por lo que pasé, no lo sé, pero me entorpecí. Un desfallecimiento lento se apoderó de mi ser. Perdí mi fuerza. Mis piernas rehusaron soportar mi cuerpo. Vencido, caí como un bulto sin poder de sostenerme. El sueño se apoderó de mí. Medio despierto y medio dormido, parecía soñar. Muy arriba, en la distancia, vi la hermosa ciudad de que leemos en la Biblia. Cuan maravillosos y hermosos eran los muros de jaspe. Extendidos en la distancia vi llanos vastos cubiertos de hermosas flores. También vi el río de vida y el mar de vidrio. Grandes multitudes de ángeles salían y entraban por las puertas de la ciudad cantando, ¡oh, tan hermosos himnos! Entre el número vi a mi querida madre anciana, que murió hace algunos años con su corazón quebrantado por causa de mi maldad. Me miraba y parecía que me hacía señas llamándome a ir con ella, pero no me podía mover. Parecía tener un grande peso sobre mí que me tenía sujetado. Una brisa lenta traía la fragancia de aquellas hermosas flores a donde yo estaba, y más claramente que antes logré oír ahora la dulce melodía de las voces de los ángeles, y dije, ‘oh que yo pudiera ser uno de ellos.’

“Mientras que yo estaba tomando de esta copa de bendición, de repente fue quitada de mis labios. Fui despertado de mi sueño. Fui regresado del hermoso lugar de sueño por un ser horrible como los dos anteriores, que me dijo que ya era tiempo de principiar mi camino hacia mi futuro. Me ordenó seguirle. Retrocediendo mis pisadas volví a entrar por aquel pasillo oscuro, siguiendo a mi guía por un tiempo; y al llegar a una puerta que se abría a un lado del pasillo, y siguiendo adelante, al fin nos encontramos entrando por otra puerta, y ¡he aquí! contemplé el lago de fuego.

“Delante de mí, hasta donde, alcanzaba ver, vi el lago literal de fuego y azufre. Grande llamas de fuego subían sobre sí, daban unas contra otras, y se levantaban a mucha altura, así como las olas del mar en una tempestad violenta. Vi a seres humanos levantarse en el crestón de las olas, solo para ser arrojados presto otra vez hacia abajo a la profundidad del lago de fuego. Sus maldiciones contra un Dios justo eran espantosas mientras que se encontraban sobre el crestón de las llamas. Sus lastimosos gritos pidiendo agua eran agudos, y hacían despedazar el corazón. Esta vasta región de fuego sonaba y resonaba con los llantos de estos espíritus perdidos.

“De repente dirigí mis ojos a la puerta por donde había entrado unos momentos antes, y leí estas terribles palabras, ‘Esta es tu sentencia; la eternidad nunca terminara’. Presto sentí que la tierra debajo de mis pies se desvaneció, y me encontraba hundiéndome en el lago de fuego. Una sed de agua que no puedo describir se apoderó de mí. Gritando por agua, se abrieron mis ojos en el hospital de la prisión.

"Nunca he contado esta experiencia antes por temor de que los oficiales de la prisión, al darse cuenta, me juzgaran loco y me encerraran en la sala de los desequilibrados. Pasé por todo esto y estoy tan desengañado y satisfecho que vivo, y sé que hay un cielo y un infierno, un infierno hecho a la antigua, la clase de infierno del cual la Biblia nos habla. Pero hay una cosa segura, nunca volveré a ir a ese lugar otra vez.

"Tan luego que abrí mis ojos en el hospital y encontré que estaba vivo en la tierra otra vez, entregué mi corazón a Dios y voy a vivir y morir como cristiano. Así como las cosas terribles que vi en el infierno no se pueden borrar de mi memoria, tampoco las cosas hermosas que vi en el cielo se borrarán. Después de un tiempo me he de encontrar con mi amada madre, avanzada de edad. De tener el permiso de sentarme en la ribera de ese precioso río, los valles, y las lomas cubiertas de aquellas hermosas flores, la belleza de lo cual sobresale todo lo que el mortal puede imaginar; de escuchar los himnos de los salvos. Todo eso más que recompensa por vivir aquí la vida cristiana sobre la tierra, aun si tengo que negarme de muchos placeres sensuales en los cuales delinquí antes de venir aquí a la prisión. He abandonado mis compañeros criminales, para poder asociarme con gente buena después de que sea un hombre libre otra vez".

Le damos al lector la historia así como la recibimos de Lennox.

Esta es una de las experiencias más preciosas que jamás se nos ha concedido leer. Quizás Dios bendiga este mensaje del Sr. Lennox para que muchas almas se despierten. Oh, ¿cómo pueden los hombres dudar la existencia de un infierno ardiente literal? Dígame, ¿cómo pueden dudar, cuando tenemos la palabra de Dios y cuando tenemos unas revelaciones notables de tiempo en tiempo, como esta? ¡Hombres, y mujeres, deténganse, por amor de Dios! ¡Volved sus rostros! Obtengan una buena experiencia de salvación en el corazón, para que no experimenten la realidad de cuarenta y ocho horas en el infierno, o la eternidad.

LA PAZ EN UN MUNDO PERTURBADO

Paz

“Paz, ¿dónde se encuentra la paz; para las naciones, los hogares y sobre todo para el corazón y la mente?” Este clamor agonizante ha resonado por todas las edades. ¿Es el clamor de tu corazón, también?

Muchos están cansados y preocupados. Sin duda, hay una necesidad de dirección y consejo, de seguridad y confianza. Necesitamos y queremos paz.

¡Qué tesoro es la paz! ¿Se puede encontrar este tesoro en un mundo de tanto conflicto y desesperación, confusión y dificultad?

¡La gran búsqueda ha comenzado! Multitudes buscan la paz por medio de la fama y la fortuna. La buscan en el placer y el poder, por medio de la educación y el conocimiento, en las relaciones humanas y en el matrimonio. Desean llenar sus mentes con el conocimiento y sus bolsillos con la riqueza, pero sus almas permanecen vacías. Otros están tratando de escapar de la realidad de la vida con las drogas o el alcohol, pero no encuentran la paz que buscan. Quedan vacíos y solitarios, siempre en un mundo atribulado y con la mente inquieta.

La humanidad en confusión

Dios creó al hombre y lo puso en un jardín hermoso para que disfrutara de la perfecta paz, gozo y felicidad. Cuando Adán y Eva desobedecieron a Dios, de inmediato sintieron culpa. Antes, ellos anhelaban estar en la presencia de Dios. Ahora, se escondieron por vergüenza. La condenación y el temor tomaron el lugar de la paz y la dicha que antes conocían. El pecado del hombre fue el comienzo de un mundo perturbado y la inquietud humana.

Aunque el alma anhela a Dios, la naturaleza pecaminosa está en contra de Él. Esta lucha interna produce una tensión y angustia. Cuando nosotros, como Adán y Eva, somos egoístas en nuestros deseos y ambiciones, llegamos a ser ansiosos e intranquilos. Cuanto más nos centramos en nosotros mismos, más atribulados estaremos. Las incertidumbres de la vida y el mundo cambiante y decadente causan la inseguridad y estorban nuestra paz.

Es posible que el pecado sea la razón por tu inquietud, aun si no lo has reconocido ni admitido. Muchos buscan la paz entre las cosas materiales y temporales. Inculpan al mundo perturbado por su inquietud, pero no reflexionan en sus propios corazones como deben hacer.

Jesucristo, el Príncipe de Paz

No puede haber paz hasta que todos los aspectos de la vida estén en armonía con el que nos creó y nos entiende. Esto es posible solo por medio de una entrega completa a Cristo. Él no solo es el maestro del mundo, sino también conoce nuestra vida desde el principio hasta el fin. Estaba pensando en nosotros cuando vino al mundo “para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; Para encaminar nuestros pies por camino de paz” (Lucas 1:79).

Jesús ofrece luz en lugar de tinieblas, paz en lugar de contienda, gozo en lugar de tristeza, esperanza en lugar de desesperación y vida en lugar de muerte. En Juan 14:27 dice: “La paz os dejo, mi paz os doy. . . No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”.

El arrepentimiento lleva a la paz

Cuando sientes la carga pesada del pecado sobre ti, el remedio es “arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados” Hechos 3:19. Jesús te invita a esta experiencia más bonita y transformadora de tu vida. 1 Juan 1:9 promete: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. ¿Aceptarás su invitación?

Cuando llegas a Jesús, hallarás el perdón y la libertad. En lugar del resentimiento y la irritación, tu corazón se llenará de amor y misericordia. Cuando Jesús reina en tu corazón, tendrás amor para con tus enemigos. Esto es posible por medio del poder de la sangre redentora de Cristo.

La paz duradera

Para el cristiano, la fe en Dios y la confianza en su cuidado son los antídotos contra el temor y la ansiedad. Que tranquilo es confiar en un Dios que nunca cambia y que es eterno. Él nos ama y siempre cuidará de nosotros. Entonces, ¿por qué te preocupas? Aprende hacer como se lee en 1 Pedro 5:7: “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”. También tenemos la promesa: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Isaías 26:3).

Con Jesucristo en tu corazón, tu búsqueda para la paz se ha terminado. Él te dará una paz y una calma que solo viene por medio de confiar en Él. Entonces podrás decir juntamente con el poeta:

Yo conozco una paz, donde no había,

Una calma, donde ruge el viento feroz,

Un lugar secreto donde puedo ir,

A ver la faz de mi Maestro.

                                -Ralph Spalding Cushman

¡Tú gozarás de la paz en un mundo perturbado! Abre la puerta de tu corazón a Cristo ahora mismo y algún día Él abrirá la puerta de la gloria para ti. Allí la paz perfecta reinará y jamás terminará.

¿POR QUÉ TENGO QUE SUFRIR?

Sufrimiento es parte de la vida. Muchas personas sufren por la enfermedad. Muchos en este mundo sufren hambre con frecuencia. La pobreza es común. Algunos sufren a manos de otra gente, sea en matrimonios difíciles, por padres abusivos o amos opresivos. Por causa de la avaricia y corrupción, la situación política en algunos países resulta en mucha guerra y muerte. Los con profundas convicciones espirituales sufren persecución a causa de la obediencia a sus creencias. Millones de gente en este mundo sufren diariamente. ¿Por qué? ¿Cuál es la razón?

El sufrimiento entró en este mundo en el principio por causa del pecado. Nos recuerda continuamente de la condición pecaminosa del hombre (Génesis 3:16-19; Romanos 5:12). Por la desobediencia del hombre, el dolor, tribulación y tristeza se hicieron parte cotidiana de su existencia. Siendo que hay pecado en este mundo, el sufrimiento es parte de la vida. No podemos esperar, en esta vida terrenal, ver la erradicación total de la enfermedad ni el fin del sufrimiento. Todos estamos sujetos a esto no importa la posición o nacionalidad.

Muchos sufren innecesariamente porque maltratan su cuerpo o no lo cuidan como deben. Si nos entregamos al tabaco, alcohol, las drogas o una vida descontrolada, exigimos demasiado de nuestro cuerpo. En consecuencia nuestro cuerpo, y tal vez la mente, pueden descomponerse bajo este estrés. Es pecado abusar de nuestro cuerpo (1 Corintios 3:16-17; 6:18-20).

Sin embargo, hay mucho sufrimiento que viene a la raza humana sobre el cual no tenemos control. Viene en forma espontánea tal a los ricos como a los pobres. Ninguno, por bueno que sea, puede tener garantía que será exento. Job, el gran ejemplo de sufrimiento, fue recomendado por Dios como un hombre perfecto y justo. Considere la miseria que sufrió, perdiendo su salud, riqueza y familia. Hasta su esposa le traicionó. Dios fue glorificado por medio del sufrimiento de Job, y Él querría ser glorificado por medio del suyo. Lea Job 1.

Si una persona está enferma, ciega, lisiada, sorda, deforme, estéril, etc., no es necesariamente porque él o sus padres pecaron. Una vez los discípulos preguntaron a Jesús, después de conocer a un ciego: “Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?” (Juan 9:2). Jesús respondió: “No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él” (versículo 3). Después, Jesús sanó al hombre. En algunos casos la mujer estéril sufre injustamente. Es menospreciada y rechazada por las supersticiones y estigmas culturales. Su condición no indica una maldición de Dios, y no debe desesperarse. En este caso, igual que en todas nuestras peticiones a Dios, siempre recordemos que Él sabe lo que es mejor para nosotros.

No es la intención de Dios castigarnos, sino prefiere refinarnos por medio de esta clase de sufrimiento. En realidad, podemos ganar riquezas espirituales por medio de tales experiencias. El sufrimiento saca a la luz lo que verdaderamente somos en lo íntimo del corazón y revela nuestro carácter. Muchos han encontrado que cuando aceptan dificultades y tribulaciones, su corazón ha sido ablandado. La humildad que esto produce nos hace reconocer nuestra dependencia de Dios y su propósito para nosotros. Entonces podemos entender que, por medio de sufrimiento y dificultades, Él piensa atraernos más a Él. Los hermanos de José le vendieron como esclavo. En lugar de amargarse, él permitió que Dios obrara en él. Desempeñó un gran papel en el plan de Dios. Después dijo a sus hermanos arrepentidos: "Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo" (Génesis 50:20). Él fue bendecido por ser sumiso.

El sufrimiento que experimentamos nos hace reflexionar en nosotros mismos. Puede ser que nos sentimos solos en los problemas y pensamos que nadie nos entiende. Las cargas que llevamos tal vez nos parecen más grandes que las que otros llevan. Es fácil darse a la autocompasión y la amargura, pero el ejemplo de José nos muestra como Dios puede bendecirnos al someternos a Él.

En vez de desesperarnos podemos dejar que nuestro sufrimiento glorifique a Dios. Ya conformados a nuestra situación podemos decir con humildad: “Señor, que se haga tu voluntad”. Entonces Dios nos puede hablar. Hay muchos ejemplos de los que han dado gracias a Dios por haberles hecho pasar por el valle de sufrimiento porque les ha causado a detenerse para reflexionar. Entonces reconocen que hay algo más importante en la vida que buscar sus propios deseos y placeres. Muchos testifican que han conocido al Señor por medio del sufrimiento. Entonces cuando tienen que enfrentar la muerte, pueden decir gozosamente con Pablo: “Sorbida es la muerte en victoria.… Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo" (1 Corintios 15:54, 56-57).

El sufrimiento será el destino eterno de todos los que rechazan a Jesús (Juan 12:48). Sin embargo, los que están dispuestos a sufrir por Jesús en esta vida gozarán de las bendiciones de la eternidad sin ningún sufrimiento (Apocalipsis 21:4). Por medio de humillarnos y aceptar el camino de Dios, y arrepentirnos de nuestros pecados, nuestra ropa será emblanquecida en la sangre del Cordero. Los que son redimidos de esta manera obtendrán el galardón celestial (Apocalipsis 7:13-14).

El sufrimiento nos enseña a ser más compasivos para con otros. Tal vez no visitamos ni oramos mucho por los afligidos hasta que hayamos experimentado personalmente el sufrimiento. "Para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios" (2 Corintios 1:4).

Jesús una vez vivió en esta tierra con un cuerpo semejante al nuestro y nos entiende a nosotros y nuestros sufrimientos. Puede compadecer de nosotros más que cualquier ser humano. Conoce nuestro dolor y nuestro corazón inquieto. Cuando Jesús observó el luto de sus amigos al morir Lázaro, fue conmovido al punto de gemir y llorar (Juan 11:33-35). Él se dio al sufrimiento para la salvación eterna de la humanidad. Si Él, siendo el hijo perfecto de Dios, aceptó esto, debemos estar dispuestos también a padecer aflicción. Los verdaderos seguidores de Dios están prestos a aceptar adversidad, siendo que Él es su ejemplo. Una visión de Jesús, su amor y sacrificio, les causa preguntarse: “¿Por qué seríamos nosotros exentos del sufrimiento?”

Aunque tengamos que sufrir extensamente, podemos descansar cuando aceptamos que Dios lo ha permitido. Dios tiene el plan maestro para nosotros, con cada prueba ha prometido custodiar por nosotros. Cuando el apóstol Pablo aceptó su dificultad o desventaja, llegó a ser una persona feliz y útil. El oró tres veces, pidiendo que Dios quitara el aguijón de su carne, pero Él contestó: "Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad " (2 Corintios 12:9). De igual manera, mientras nos sometemos completamente a Dios y aceptamos nuestro sufrimiento, el poder de Dios nos sostiene. Al aceptar el plan de Dios para nosotros en el sufrimiento, nace una expresión de agradecimiento que bendice nuestro corazón y testifica a los alrededor de nosotros.