La eternidad

La eternidad desafía la imaginación y la comprensión del hombre. No es un objeto, ni lugar; ni período de tiempo. No tiene principio y no tiene fin. Toda la humanidad desde Adán se encontrará en ella.

La palabra eternidad se encuentra en Isaías 57:15, donde dice que Dios habita la eternidad. Él es eterno sin principio y sin fin. Esto sólo se puede decir de Dios. El hombre tiene un principio pero su alma no tiene fin. El diccionario afirma que la eternidad es un tiempo que no tiene principio y no tendrá fin. En ella entra el alma al tiempo de la muerte y allí permanece siempre y para siempre. La Biblia principia con estas palabras: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra" (Génesis 1:1). Allí se refiere a la creación del cielo y la tierra y todas las cosas que en ellos hay (Colosenses 1:16-17). Dios ha decretado que todas estas cosas dejarán de existir: "los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán desechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas" (2 Pedro 3:10).

El hombre es una criatura que se relaciona con el correr de tiempo. El hombre es usuario del tiempo, y confía en él. Su vida, es controlada por el tiempo. El tiempo, por importante que sea, no tiene ninguna relación con la eternidad. La eternidad es incomparable. No tiene largura, anchura, profundidad ni altura que se puede medir. La eternidad no ofrecerá oportunidad para cambiar el destino eterno que fue escogido en la vida. Es para siempre y sin cambio.

El hombre es el único de todas las criaturas y de las cosas creadas, que estará vestido de un cuerpo inmortal, y hará el cambio de este tiempo a la eternidad. El hombre es la úniса criatura que tiene el "aliento de vida" (Génesis 2:7), y como Dios vivirá para siempre.

Cuando termine el tiempo, la eternidad revelará muchas maravillas y milagros, eventos y desarrollos que no se pueden entender en el día de hoy. Cuando el Señor volverá otra vez, todo ojo le verá (Apocalipsis 1:7). Él se sentará sobre su trono y todas las naciones serán reunidas delante de Él en juicio (Mateo 25:31-32; 2 Corintios 5:10). Allí Dios juzgará cada hombre por las cosas que están escritas en los libros según sus obras (Apocalipsis 20:12-13).

El incrédulo no cree estas verdades. "Todo ojo", es decir, los billones de la tierra y del mar, los muertos que resucitarán, así como los vivos, lo verán. La mente se conturba al pensar que todas las naciones se reunirán en un solo grupo ante el trono de juicio. Los incrédulos se fijarán que el tiempo habrá pasado y que la eternidad no tiene limitaciones. Las restricciones de distancia y de tiempo que se encuentran en esta vida terrenal, son ausentes en la eternidad.

La eternidad, según lo revela la Biblia, tiene tres aspectos: El juicio, la separación de los justos y los injustos, y lo eterno. Este juicio será final, sin apelaciones ni revista de juicio. Durante la vida del hombre, Dios pone delante de él el bien y el mal, queriendo conducirlo a una relación íntima con su creador. Aquellos que no prestan atención, en el juicio final recibirán su sentencia y serán enviados a un castigo eterno. Los que se rinden a Dios durante la vida, tienen sus pecados juzgados antes de que venga el día del juicio final, mientras que los que no se rinden, tendrán sus pecados descubiertos después en el juicio final (1 Timoteo 5:24).

Después del juicio todo hombre será recompensado según las cosas que están escritas en los libros. Aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida recibirán su recompensa también (Apocalipsis 20:12). La palabra recompensa que se menciona aquí será una recompensa por todos los hechos cometidos, ya sean buenos o malos.

En la eternidad solamente habrá dos clases de gente, los salvos y los perdidos. Dios los juzgará según como aceptaron o rechazaron el plan de la salvación. Hay solamente dos destinos en la eternidad para toda la gente, el cielo para los salvos y el infierno para los perdidos.

El Juez eterno dirá a aquellos, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida: "Venid benditos... heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo" (Mateo 25:34); y a aquellos cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida el Juez dirá: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles" (Mateo 25:41). Estas palabras serán espantosas para algunos, pero otros ya lo sabrán. Aquellos que pasan de este tiempo a la eternidad habiéndose preparado para encontrarse con Dios, mueren con la confianza en su corazón que estarán con el Señor en la eternidad. Estos esperan oír las palabras benditas: "Venid, benditos".

También hay aquellos que están condenados en la vida y pasan a la eternidad sin estar preparados para encontrarse con Dios. Estos con horror esperan el juicio (Hebreos 10:27). En aquel gran día clamarán a las montañas y a las peñas: "Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero" (Apocalipsis 6:16).

Entre aquella inmensa multitud también se encontrarán los engañados: "Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad" (Mateo 7:22-23).

La Biblia no nos dice en detalle todo lo que la eternidad contiene para los seres inmortales. Empero, Jesús nos dijo que los que vencerán estarán sentados con Él en su trono (Apocalipsis 3:21). Estos también estarán vestidos de blanco, y no les faltará nada (Apocalipsis 7:14-17). Estos se gozarán de toda bendición preparada para las almas inmortales.

Aquellos a quienes el Juez dirá: "apartaos de mi", irán a las tinieblas de afuera con lloro y crujir de dientes (Mateo 8:12); irán al fuego del infierno que no se apagará (Marcos 9:43), y tendrán su parte en el lago de fuego y azufre (Apocalipsis 20:15; 21:8). Estas almas estarán alertas mentalmente y se conocerán (Lucas 16:23); sentirán los tormentos del infierno (Lucas 16:24); entenderán (Lucas 16:26); se acordarán de la vida terrenal (Lucas 16:28). La eternidad no tendrá ningún beneficio para los perdidos.

En la eternidad Satanás, aquel antigua dragón, será completamente y eternamente derrotado, y será castigado conforme a su maldad. El infierno fue preparado principalmente para este propósito (Mateo 25:41). ¡Qué destino tan horrible de estar en ese lugar de tormento con un ser tan espantoso y can todos sus malos espíritus condenados!

El tercer aspecto de la eternidad, la finalidad, es incomprensible para el entendimiento humano. La mente del hombre es limitada a principios y a fines. A consecuencia de esto, al hombre le es necesario confiar en las verdades de la palabra de Dios. Dios es el autor de todas las cosas y también de la eternidad.

Si fuera posible que un ave cogiera un grano de arena y la llevara a la luna y así, al fin, de esta manera removiera cada granito de la tierra; la eternidad apenas habría comenzado, y no estaría más cerca el fin. Para los malos, el pensamiento de una eternidad sin fin, es lo más penoso posible. Para los justos, que estarán gozando la dicha eterna con Dios y con todos los santos ángeles, es un pensamiento muy placentero.

Ahora mientras que haya tiempo, podemos escoger nuestro destino eterno.

Amado lector, ¿estás preparado para la eternidad? Esta pregunta requiere tu contestación en esta vida. Hoy es el tiempo de preparar para la eternidad.

Uno se prepara para esta gran reunión por medio de aceptar a Cristo Jesús como el Salvador de la humanidad, que murió en la cruz del Calvario por los pecados del hombre y que resucitó para su justificación (Romanos 4:25). Esta decisión debe incluir más que solamente una aprobación mental; debe ser un asunto del corazón, una completa entrega a Dios. Así uno llega a ser seguidor de Jesús, que anda con Él, obedece sus enseñanzas y es guiado por el Espíritu Santo.

El no recibir a Cristo resultará en el rechazo eterno de Dios. La vida es muy insegura; la muerte es muy segura; la eternidad es demasiada larga; ¡no demores más! ¡Ahora se debe aceptar la palabra de Dios!

¿Dónde Vas a Pasar La Eternidad?

La morada eterna, ¿Dónde puede estar?
¿Vuela en el aire, O flota en la mar?
¿Entre el tumulto, Allí estará?
¿O envuelto en silencio, Su eco se oirá?

¿Con amados en gloria, La vas a pasar?
¿O con los demonios, En tinieblas llorar?
Si no con el uno, Con el otro será.
Sin fin sin remedio; ¡Destina final!

Eternidad, mi amigo; ¡Ya no duermas más!
Ni tomes del mundo, Consejo falaz.
La pregunta persiste, Solemne y sagaz:
La morada eterna, ¿Dónde la pasarás?